Dirección, actuaciones y banda sonora. La película del danés Nicolas Winding Refn tiene más que méritos para hacerse notar en las alfombras rojas que Hollywood tenderá en su temporada de premios
Este es el año de Ryan Gosling. El delgado rubio que ya había llamado la atención en Half Nelson (Ryan Fleck, 2006) y Lars y una chica de verdad (Craig Gillespie, 2007), y que el año pasado arrancó aplausos como un vagabundo encantador en Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010), es una de las figuras estelares y con más probabilidades de arrasar con los galardones de la temporada de premios de Hollywood.
Su nombre se ha visto recientemente en los carteles de Crazy Stupid Love (Glenn Ficarra/ John Requa, 2011), que ya le ha valido una nominación a los Globos de Oro como mejor intérprete de comedia; en The Ides of March (George Cooney, 2011), por la cual también opta a un Globo pero como mejor actor de drama; y por supuesto en Drive, el crudo y sangriento film que se acaba de estrenar en España y que le harán competir por un Critics Choice y un Spirit Award en enero próximo.
En precisamente en esta última película donde el chico dorado se mete en la piel de un mecánico y conductor especialista en escenas cinematográficas de acción, que en la noche se vuelve en chófer de electrizantes fugas delictivas. Callado, tímido, cauto, desconfiado, directo. Los primeros minutos de cinta le delinean, y los siguientes le desnudan tanto que le permiten hacer una metamorfosis frente a los absortos ojos de un espectador que deberá enfrentarse a cinta tensa, sin velos de censura ni moralismos, a una pieza criminal y de cine negro que cobra fuerza con cada centímetro de celuloide.
Pero si el protagonista merece ovaciones y más galardones, su realizador no se queda atrás. A través de una narración envolvente, dotada de una atmósfera vintage y oscura, el danés Nicolas Winding Refnson logra demostrar que siempre estuvo en conexión con la historia que tenía entre manos. Su manera de dibujar el entorno de ‘driver’ le dio más peso a personajes que no brillaban tanto en la novela homónima de James Sallis y que hicieron que la trama se volviese aún más consistente. Su trabajo le mereció en mayo pasado la Palma de Oro a la dirección y desde entonces ha venido cosechando nominaciones en importantes círculos de críticos y asociaciones estadounidenses.
Refnson, además, contó con la fortuna de tener en su reparto al veterano Albert Brooks, quien encarna al implacable jefe mafioso Bernie Rose, uno de los miembros de la pesadilla del protagonista. El personaje, que exuda vehemencia, le ha hecho ser favorito en la carrera a los Oscar por actor secundario. El mismo triunfo lo ha tenido Carey Mulligan, la damisela en peligro de la trama, que desata una candidez que suaviza los momentos más álgidos.
La banda sonora de Drive es el gran remate de film. El baterista rockero Cliff Martínez, conocido por musicalizar cintas como Sexo, mentiras y cintas de vídeo, Traffic y Wonderland, se valió de temas de Kavinsky & Lovefoxxx, College o Riz Ortolani, además de los propios, para realzar la atmósfera ochentosa del film y sacarla de los convencionales estruendos en los que caen las cintas de motores y velocidad.
Drive engaña al principio cuando lanza luces sobre esperanzas, amor y nobleza, pero tiene la cualidad de transmutarse y hacerse una cinta de premeditación, muerte y escrúpulos a través de un mismo personaje: Gosling y su despiadado ‘driver’ en transformación constante, el centro de un relato que los años convertirán en obra de culto.

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